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A Pedal por Moray y las Salinas

November 20, 09 by Sergio Reyna

Nunca había realizado ciclismo de montaña y, sinceramente, no podía dejar de sentirme un tanto nervioso mientras me ajustaba el casco. Era esa sensación que nos invade ante lo desconocido a pesar de que me habían confirmado que la ruta era fácil. Después de revisar embragues y frenos, el grupo de nueve ciclistas partimos del pueblo de Cruzpata para visitar los andenes de Moray y las Salinas de Maras escondidos entre los sinuosos pliegues de los andes cusqueños.

paisajes de ensueño en Qosqo

Camino a los Andenes de Moray
Un sol radiante iluminaba las montañas y al nevado Salkantay cuya presencia imponente nos acompañó gran parte del recorrido. Las nubes eran grandes copos de nieve que contrastaban con el azul intenso del cielo. El viento refrescaba nuestros acalorados cuerpos. La mejor época para realizar este tipo de actividades al aire libre es entre los meses de abril a octubre ya que es la temporada en que no llueve aqui en los andes. El camino entre Cruzpata y Moray es predominantemente plano destacando praderas enormes donde pasta tranquilamente el ganado.

Nuestro merecido descanso lo hicimos caminando entre los andenes de Moray. Contemplar a grupos de viajeros realizando meditación en lo más profundo de la hondonada nos dió ánimos para emprender la bajaba por los cada vez más pequeños escalones que sobresalen de las paredes de piedra.

La Bajada a las Salinas de Maras
Después de unos 50 minutos recorriendo los andenes, nos subimos nuevamente en las bicicletas para dirigirnos al pequeño pueblo de Maras. Las ligeras subidas y bajadas nos anunciaban lo que estaba por venir y nos obligaban a conocer cabalmente el manejo de los embragues.  El pueblo de Maras destaca por sus hermosas portadas coloniales y es un punto de descanso y encuentro entre el camino que va de Moray a Salinas. Aquí aproveché para tomarme una refrescante chicha de jora.

ruta hacia Moray

Adrenalina en ruedas
El tramo más desafiante es sin lugar a dudas entre Maras y las Salinas hasta la bajada al río Urubamba. Hay pendientes de unos 20 a 30 grados y la velocidad que se adquiere es realmente atemorizante. Esta bajada ponía constantemente a prueba nuestras abilidades técnicas y nos obligaban a caminar en ciertos tramos especialmente en las curvas. Resbalar era cosa fácil ya que la tierra es muy seca. Qué bueno que la ruta era fácil!

Al llegar a las Salinas nos bajamos de las bicicletas para recorrer los angostos senderos que separan las pequeñas piscinas donde se almacena la sal.
Eran cerca de las cuatro de la tarde cuando cruzabamos el puente sobre el rio Urubamba y yo no podía de dejar de sentir un ligero temblor en mis piernas. Sin embargo, estoy ansioso de volver a recorrer nuevas rutas en bicicleta.

Más información:
Sergio backpacker
Teléfono: 0051-84232520

la naturaleza de Qosqo en todo su esplendor

 

 

 

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